Hoy, mientras me bañaba, me di cuenta de que ya tampoco puedo ver mi ombligo cuando estoy de pie. En el espejo veo que se está desvaneciendo. Ha perdido profundidad y ahora es apenas un asterisco. Pronto va a desdibujarse por completo. Era la única marca visible de que alguna vez viví dentro de mi madre, me alimenté a través de ella, fui parte de ella. La única marca de esa prehistoria en la que fui un embrión igual a los embriones de todos los vertebrados y luego igual a todos los mamíferos. Así se ve el tránsito entre ser hija y ser madre, como esa lenta borradura.
Estamos en el curso de preparto, en la sesión dedicada al postparto, sentados en círculo, en unas sillas incomodísimas. Alejandro toma nota en la libreta, donde pretendemos anotar los datos importantes que aprendemos en la clase, y donde en realidad anotamos las frases chistosas que dicen las maestras y los alumnos. Una maestra pregunta quién sabe cuánto dura el postparto, y yo levanto la mano y digo que toda la vida. Espero a que las demás parejas se rían, pero no se ríen y la maestra tampoco. Con mucha seriedad responde: “Exactamente. Dura toda la vida”. De pronto a mí ya tampoco me parece chistoso.
En mi panza se ha ido dibujando lentamente una línea oscura. Línea nigra, la llaman. Dicen que es para que el bebé, que ve en alto contraste, suba por el estómago y sepa encontrar los pezones. Mi cuerpo se va llenando de señales para alguien más, señales que tienen que explicarme porque yo misma no sé descifrarlas. De pronto entiendo que tantos hombres, durante siglos, temieran a las mujeres, que las consideraran brujas. Más allá de toda explicación biológica (y mucho más cuando no la había), todos estos instintos animales, estos signos de los genes, se parecen mucho a la magia.
Existen muchas teorías sobre el momento en que el bebé se da cuenta de que su cuerpo es distinto del cuerpo de su madre. Yo me pregunto en qué momento la madre deja de sentir que el cuerpo de su hijo es también el suyo. El bebé está afuera de ti, pero vino de ti y está hecho de ti, así que es todavía un poco tú. Hasta cuándo. Hasta dónde.
Fragmentos del libro “Línea nigra” de Jazmina Barrera
