Sobre la inclusión

El domingo vimos en un programa televisivo de gran alcance, una secuencia de hechos que nos preocupó enormemente. Sin embargo, la reacción de mucha gente en redes fue aún peor y por eso decidimos tomarla como disparadora de esta publicación.

Imaginate que sos unx niñx y que descubrís lo que te apasiona en la vida (cosa que a muchxs nos lleva años hacer): comunicar. Y no sólo eso, además podés hacerlo sobre aquello que te interpela, que hace tanta falta visibilizar en nuestra sociedad, sintiendo que de esta forma contribuís a habitar una sociedad más justa.

Te llega la invitación a un programa en el que siempre soñaste estar. Te preparas con todas las herramientas a tu alcance para hacerlo de la mejor forma posible. Pero del otro lado no parecen hacer lo mismo. No preparan las condiciones para recibirte, para que puedas estar cómodx siendo niñx en un mundo adultocéntrico, ni siendo autista en una mesa capacitista. No te brindan la anticipación que necesitas, no te ofrecen contención, no se percibe interés ni empatía, por el contrario, se muestran intolerantes, te interrumpen.

No alcanza con sentar a una persona autista en tu misma mesa para ser inclusivo. La inclusión no se trata de que las personas hagan lo que puedan por (sobre)adaptarse a una sociedad que en realidad no contempla sus necesidades ni sus posibilidades. Se trata de que TODAS LAS PERSONAS seamos tenidas en cuenta en nuestras diferencias, adaptando los espacios, las dinámicas comunicacionales y la forma en que nos vinculamos de modo tal que se sientan parte del momento compartido.

Eso implica revisar el paradigma capacitista que nos hace creer superiores a las demás personas que viven con alguna condición o discapacidad.

En el caso de un niño o niña autista también eso implica que revisemos nuestro paradigma adultocentrista que le quita voz, menoscaba su forma de expresarse o invalida su sentir y pensar. Considerando siempre que lxs adultxs de la mesa saben «más» solo por ser adultxs.

Claro que puede ser incómodo, aunque -para motivarnos- pensemos un segundo en la innumerable cantidad de esfuerzos que hacen las personas neurodivergentes para intentar ser parte de esta sociedad. Es lógico que pongamos un poco más de nuestra parte ¿o no?

Y eso claramente nos implica a todxs, a los que no dudaron ni un segundo en empezar a juzgar «las formas» en vez del contenido de lo que se estaba transmitiendo y llenar de mensajes sin filtro a un niño que, acompañado de su familia, solo quiere un mundo más amable sin pensar en las consecuencias emocionales de recibir todo ese odio.
Nos preguntamos quién tiene más dificultades en habilidades sociales, empatía y respeto al fin y al cabo.

Incluir no es sólo que alguien se siente en tu misma mesa, es también moverte del asiento que ocupaste siempre sin cuestionar para que otrxs ocupen lugares que hasta ahora no ocupaban.

Por Carolina Mora, Vivian Alexia Hudson, Sofía Zukerfeld y Natalia Liguori


Deja un comentario