Pausas en la partitura materna

Ilustración Madeline Kate

Empiezan a surgir breves pausas en la partitura de la maternidad, silencios como los de los surcos de un disco entre una canción y otra, rodeados de sonido, pero silencios de todos modos. En ellos me veo a mí misma fugazmente, como a alguien que pasara por delante de mi ventana. La imagen me asusta como la aparición de una persona a la que se creía muerta. A medida que mi hija se separa de mí los silencios se prolongan y las imágenes fugaces duran más. Tomo conciencia de que he aceptado cada etapa de su dependencia como una realidad nueva y permanente, como si viviera en una casa en la que estuvieran pintando las habitaciones y me olvidara de haber tenido alguna vez el lujo de ocuparlas. Se me devuelven las habitaciones, una a una. Las escaleras otra vez son simples escaleras. Las noches de nuevo son más vagas y tranquilas. El tiempo deja de estar en estado de alarma o tragedia inminente: las cosas pueden esperar, pueden explicarse y posponerse.

💬 Fragmento del libro «Un trabajo para toda la vida» de Rachel Cusk


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