Cuando llega mi turno el tipo no dice ni Hola, solo tira de una: nombre, apellido y qué te anda pasando y yo vuelvo a mentirle con lo de las contracciones. ¿Cómo sabés que son contracciones? ¿Es tu primer hijo? Decime qué sentís. Tengo tantas ganas de salir corriendo y no volver nunca, pero respiro profundo y le contesto: Siento que se me pone la panza dura y que empuja para abajo. Eso es muy común. Tu cuerpo se prepara para el parto. ¿Tuviste sangrado? Le digo que no. ¿Estás perdiendo el tapón? De nuevo le contesto que no muy segura, porque no estoy perdiendo ni eso ni nada, aunque no sé de qué tapón me está hablando y eso me empieza a preocupar. Bueno, entonces falta, nena. A ver las ecografías. Le digo que todavía no me hice ninguna y el tipo se enoja: ¡Qué desastre! Caen en el último trimestre y no tienen ni una eco. ¿Y cómo sabemos nosotros que tu hijo no tiene dos cabezas? De la bronca que me da ni le contesto. Al tipo tampoco le importa escucharme. Habla solo él: Andá anotándote en el curso de psicoprofilaxis y hacete sin demora todos estos estudios que te doy. Recibo el papel y lo doblo sin leer nada. Las contracciones son un ensayo que hace tu cuerpo para el parto, por suerte está bastante más enterado de todo que vos. Ser madre no es solo c0g3r, nena. Lo dice con tanta cara de piedra que no llego a reaccionar. Estoy confundida. Quiero preguntar cosas, pero no a este tipo. Me da las re ganas de mandarlo a la m¡3rda. Me aguanto y le pido que me dé una constancia para el trabajo explicándole que hoy tuve que faltar para venir. Por guardia no se dan constancias. Contesta con la peor onda del mundo. Y yo le insisto que aunque sea me haga un papel que diga que hoy vine al hospital o me quedo sin laburo, pero él ya no me escucha. Se levanta y me hace que lo acompañe hasta la puerta, me da los papeles de los estudios y dice: Pedí en la entrada.
Fragmento de «Miseria» de Dolores Reyes
