Cada día que pasa, mi cuerpo se siente menos mío. Como si estuviera siendo colonizado lentamente y en cualquier momento fuera a dejar de obedecerme. No importa cuánto trate de permanecer despierta, me quedo profundamente dormida. No importa cuánto coma, sigo teniendo hambre. Pero luego vomito. Me enojo por cualquier cosa, pero inmediatamente después me invade una enorme tristeza y lloro. A veces por haberme enojado por una tontería, a veces de impotencia. Desconozco mi cuerpo, mis pensamientos y mis reacciones. Es como si alguien más me estuviera viviendo, como si poco a poco me fuera convirtiendo en otra. ¿Se nace monstruo o se deviene monstruo?
Hay un extranjero en mi cuerpo, un Otro que ha irrumpido como los galos en Roma. Pienso todas estas metáforas grandilocuentes para no pensar la literalidad de la pregunta que tengo poco tiempo para responder: “¿quiero gestar este embrión?”. Aunque la pregunta debería ser “¿deseo ser madre?”, pero no puedo preguntarme eso. No puedo llegar ahí todavía. Ser madre me parece algo demasiado lejano, por ahora soy como esa ballena inmóvil de la que hablaban los marineros medievales que puede sumergirse en cualquier momento o puede quedarse ahí como una isla y convertirse en la casa de un náufrago.
💬 Fragmento de «Germinal» de Tania Tagle
