Sobre los desafíos reproductivos

Petra Braun

Mis batallas con la fertilidad han sido, durante la última década de mi vida, el lienzo sobre el cual se pintó todo lo demás. Cada amistad, cada emoción, cada momento de éxito o fracaso personal, cada aventura amorosa, cada publicación en una red social, cada libro que leí, cada serie que miré transcurrieron con ese telón de fondo. Se convirtió en una sombra constante de mi realidad cotidiana. No hay un solo día en el que no piense en eso, en el que no tenga que luchar cuerpo a cuerpo con la tristeza y el miedo y la ansiedad, y a la vez juntar la energía para mantener la esperanza cuando siento que todo el optimismo flaquea.

Las guías espirituales nos dicen que sigamos pensando en positivo, que manifestemos la existencia de nuestros hijos mediante la fe de que vendrán a nosotros cuando el universo lo decrete. A la vez, los médicos nos dicen que no respondemos a las drogas, que nuestros folículos no hacen lo esperado, que nuestras hormonas están muy bajas. Nos dicen que somos demasiado geriátricas o que es demasiado tarde o que nuestro útero tiene la forma incorrecta y que, frente a ese fracaso, el único consejo es seguir intentando a pesar de que lo más probable sea que volvamos a fracasar. Nunca me voy a olvidar del prestigioso especialista que, al enterarse de que yo había perdido tres embarazos, se limitó a aconsejarme que lo siguiera intentando.

– Mi esposa perdió diez –dijo con liviandad– pero al final lo logramos.

Como si, en realidad, fuera mi culpa por no intentarlo lo suficiente. Como si diez abortos fueran algo que hay que soportar en lugar de investigar y, con suerte, evitar. Como si las mujeres fuéramos meros recipientes de dolor y posibilidad.

Nos dicen que tengamos esperanzas mientras que, en simultáneo, limitan nuestras expectativas para que no nos decepcionemos. Nos dicen que va a suceder y, en la misma frase, nos dicen que no. Vivir en ese estado de ambigüedad es agotador. Existe la fe y existe la duda, y en el medio está el peso que mantiene tirante la tensión entre ambas. Todas y cada una de nosotras cargamos con ese peso.

💬 Fragmento de «Friendaholic» de Elizabeth Day


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