¿Cómo desmantelar el mundo que está construido para hacer lugar solo a algunos cuerpos? El sexismo es uno de esos sistemas de exclusión e inclusión. El feminismo requiere que apoyemos a las mujeres en una lucha para existir en este mundo. ¿A qué me refiero con mujeres aquí? Estoy hablando de todas las personas que viven bajo la categoría mujeres. Ningún feminismo digno de ese nombre utilizaría la idea sexista de «mujeres nacidas mujeres» para delinear los límites de la comunidad feminista, para considerar a las mujeres trans «no mujeres» o «no nacidas mujeres» o varones.
Nadie nace mujer; es una asignación (no sólo un modo de designar sino también una tarea o un imperativo) que puede formarnos, hacernos y rompernos. Muchas mujeres que fueron asignadas como tales al nacer, recordemos, no son consideradas mujeres hechas y derechas o no son consideradas mujeres en absoluto, quizá por cómo se expresan o dejan de expresarse (o porque son demasiado buenas en los deportes, o porque no son suficientemente femeninas, o porque su forma corporal no es adecuada, o porque su conducta no es la correcta, o por no ser heterosexuales, o por no ser madres, y etc.).
El patrullaje de las fronteras de las mujeres nunca ha sido otra cosa que desastroso para el feminismo. El feminismo empieza con una premisa que es una promesa: no tenemos que vivir de acuerdo con las asignaciones hechas por otras personas.
Fragmento de «Vivir una vida feminista» de Sara Ahmed
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