El sufrimiento, per se, no es transformador.
Desde ya, tampoco «es opcional»: es una parte ineludible e innegable de la experiencia humana.
El sufrimiento se acompaña, se valida, se sostiene, se elabora ![]()
El duelo, la voluntad de permanecer vulnerables, la aceptación y la compasión, pueden ser caminos posibles hacia su integración y a veces incluso hacia un potencial aprendizaje…
Aunque no siempre, no es la intención romantizarlo sino rescatar esta idea de Anne Morrow Lindbergh de que no es el dolor en sí lo que enseña, podemos decir que tampoco es el tiempo el que «lo sana todo», es lo que hacemos con ello: con quiénes lo compartimos y cómo lo habitamos.




