¿Qué pasaría si la culpa no nos gobernara?

La culpabilidad sobre las madres es la mejor estrategia para que, en nombre del amor incondicional, nos mantengamos abnegadas. Culpa por estudiar, culpa por trabajar, culpa por mostrarnos sexys, por dedicar tiempo a nuestra imagen corporal… culpa, culpa, culpa. Una culpa que tiene que ver con no darnos tiempo ni delegar. De hecho, mientras escribo esto, mi hijo me pregunta por qué corté con mi ex novio, a quien él quería un montón. Una relación que terminé hace dos años, y él me reclama por qué yo no tengo una pareja para que juegue con él y lo cuide cuando me voy a trabajar, así él no está con la niñera «siempre». Y ese siempre se clava en el tímpano y queda retumbando por días y días, y hace un hoyo en el medio del corazón. Porque aunque desde que nació mi hijo haya hecho malabares para estar presente, aunque mi trabajo sea flexible y pasemos un montón de tiempo juntos, el famoso «tiempo de calidad» parece que nunca alcanza, nunca es suficiente. Y siento culpa por haber tenido s3xo con un irresponsable que no está presente como padre, culpa por haber terminado la relación con ese ex que mi hijo quería, culpa por estar viviendo en otra ciudad por mi trabajo y que mi hijo esté alejado de su abuela. Culpa porque siento que mi desarrollo profesional es a costa de la felicidad de mi hijo. ¿Qué pasaría si la culpa no nos gobernara? ¿Qué consejo les daríamos si fueran ellos los que estuvieran en nuestro lugar? Seguramente seríamos una versión menos estresada de nosotras mismas y, sobre todo, les enseñaríamos a nuestros hijos que la autoexigencia y la insatisfacción deben tener un límite.

💬 Fragmento de «Solas (aun acompañadas)» de Florencia Freijo


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