Quiero a mis pacientes

Me he dado cuenta con el tiempo, de que siento un profundo amor por cada uno de mis pacientes. Siento admiración por sus caminos, alegría con cada logro, satisfacción ante cada desafío que asumen, placer ante cada sueño cumplido y un orgullo indescriptible cada vez que llegamos a la última sesión
Es simple. Ocurre algo en el vínculo, que no ocurre con otros vínculos y que, pensándolo bien, debería suceder en cada encuentro humano.
Primero, nos destinamos un tiempo para comunicarnos. Elegimos un día, un horario, y durante ese tiempo, ninguno de nosotros presta atención a otra cosa que no sea comunicarnos.
Nos miramos a los ojos, nos escuchamos.
Como nada de lo que los pacientes dicen me involucra personalmente, no estoy a la defensiva, entonces puedo ESCUCHAR. No solamente oír. Sino escuchar, con el corazón abierto, con las ganas de ponerme en sus zapatos y comprender, y entonces todo lo que dicen cobra sentido, no hay juicios de valor, hay aceptación por las cosas tal como son, hay un deseo de entender con la razón y con el corazón, para poder desde ahí encontrar juntos el mejor modo de recorrer el camino.
Una persona hablando con sinceridad. Otra persona escuchando con apertura. Tiempo y dedicación para que la comunicación se produzca.
Ser terapeuta es tan similar a ser mamá, acompañando sin marcar el camino, cuidando a la distancia con la confianza de que el otro podrá lograrlo, y soltando cuando el paciente o el hijo están listos para partir.
Soy sin duda, una privilegiada por acompañar durante un trecho la vida de otras personas. Y en ese acompañamiento, cada una de esas personas deja algo en mi vida, me enseña a crecer, a ser una mejor persona, me mueve a aprender lo que no sé, a buscar nuevos caminos para acompañar mejor, me permite emocionarme y admirar, y maravillarme día a día comprobando que el ser humano puede lograr cualquier cosa que se proponga, que no hay imposibles, que la mente es grandiosa y el corazón lo es aún más.
Va en estas líneas mi profundo agradecimiento a cada una de las personas que confiaron y confían en mi, y que me permiten trabajar de lo que me hace feliz.

Palabras de una maestra, María Paula Cavanna, que siento propias 🤍


Deja un comentario