El miedo ya nunca se acaba, me dijo Tania. Ese miedo que empieza con los primeros meses del embarazo, con el miedo al aborto, al parto, a las enfermedades del bebé, se transforma, pero se siente el resto de la vida. Acabo de ver un documental que explica que esa no es sólo una reacción psicológica, sino también biológica: una parte del cerebro de la madre -del padre o cualquier otro cuidador primario- directamente relacionada con el miedo se enciende mediante el vínculo de crianza y permanece encendida por el resto de su vida. No hay manera de apagarla.
La parte de la maternidad que siempre me ha dado más miedo, dice Sheila Heti, es su eternidad.
Fragmento de «Línea nigra» de Jazmina Barrera
