Rara

«Pichona, tenés que dejar la casa mañana, no veo que tengas todo listo». No le pedí que viniera y sí tengo todo listo, más de lo que cualquiera puede imaginar, listo para mí, ella no tiene idea lo que es desarmar una vida, ella eligió no desbaratar su rincón burgués de mujer casada, no tiene idea lo que significa perder un hijo, los tuvo cuando quiso sin tener que pincharse mil veces con hormonas y hacerse ecografías y coger cuando mandaba el médico. Sería más sencillo si no se dedicara a esconder su cansancio, a mentir que una madre quiere por igual a todos sus hijos y que siempre está dispuesta para ellos. Yo no iba a ser una madre fría. ¿En qué momento uno se convierte en algo mucho peor de lo que soñó? Aceptar lo que me queda sería más sencillo si ella no me hubiera vendido un paraíso de príncipes y boludas felices en el que terminé inventando mi propio cielo con un marido equivalente a mi papá, por el que ahora estoy viviendo entre el polvo de las cajas que contienen todo eso, y no sé cómo hacer para elegir entre un hijo y otro. Preferiría que ella no fuera tan fuerte para poder ser más fuerte que ella.

Fragmento de «Rara» de Natalia Zito

Novela en la que los duelos tienen papeles protagónicos. El duelo por la separación de la pareja, por el proyecto de familia, por la casa que dejan, los sueños y recuerdos que quedarán en ella… El duelo por los diagnósticos y desafíos reproductivos, por el primer hijo, parido sin vida, por las dificultades en el vínculo con el segundo hijo, por la relación con su madre… ¿Y entonces? ¿Seguir adelante? ¿Tirar la toalla? ¿Prender fuego todo?


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