Solemos sentirnos las máximas responsables de las necesidades de los niños, quedando pendientes de una serie casi interminable de funciones, sintiendo que si no lo hacemos, ¿quién lo hará?
La RESPONSABILIDAD VITALICIA es el sentimiento por el cual sentimos que asumimos una responsabilidad irrenunciable, indelegable e inevitable a partir del instante mismo de dar a luz un hijo o de ejercer como madres, aun sin haber gestado o parido. Es el sentimiento por el cual se pierde para siempre la tranquilidad de cargar sólo con una misma y la libertad de ir a cualquier lado sin preocuparnos demasiado por lo que se deja en casa.
Ya no dormimos entregadas al sueño liberador de las preocupaciones cotidianas hasta que los hijos hayan regresado a casa. Ya no nos alejamos sin dejar datos precisos de cómo ser ubicadas. Ya no comemos sin antes cerciorarnos de que los “pichones” estén satisfechos. Y cuando nos alejamos, la gran mayoría deja “todo organizado” para que en la ausencia “todo” siga estando cubierto: la heladera abastecida, la ropa lavada, las actividades cotidianas organizadas y, en algunos casos, hasta las distracciones y divertimentos previstos para que no se aburran. Es como dejar en reemplazo a un “otro yo” virtual; como moverse igual que un caracol, siempre con la casa a cuestas.
La entrega incondicional, el altruismo y la abnegación, -engalanados con los resplandores de la virtud- terminan siendo atribuidos casi con status biológico a la condición femenina, considerados como rasgos “naturaIes” de la misma e invisibilidando así sus costos: la autopostergación, la ausencia de solidaridad, la sobrecarga.
👉🏼 Cuando las mujeres dejamos de responder a los mandatos culturales que pesan sobre nosotras, tendemos a sentirnos transgresoras de los roles establecidos y, como consecuencia, “MALAS” y CULPABLES.
🔥 Es hora de que nos animemos a revisar dichos mandatos, entonces descubriremos que la supuesta “maldad” tiene mucho más que ver con una construcción social que con un comportamiento genuinamente innoble.
💬 Fragmentos de «El amor no es como nos lo contaron» de Clara Coria
