El parto como una violación: Debe haber un final para la Obstetricia del ‘por si acaso’, por Sheila Kitzinger

Dos de mis hijas han trabajado en las líneas de ayuda de Rape Crisis y hemos conversado muchas veces sobre lo que estaban aprendiendo de las mujeres. En ese entonces, a menudo también me llamaban mujeres para hablar sobre sus experiencias de parto – felices, a veces extasiadas, y otras que habían sido traumatizadas. Cuando comparamos nuestro trabajo, quedó claro que las mujeres que habían sido víctimas de violencia durante el parto utilizaban el mismo idioma que las sobrevivientes de violaciones. Hablaban sobre la vergüenza y el disgusto consigo mismas y con sus cuerpos, sobre la culpa que de alguna manera sentían por haber sido víctimas de violencia, y cómo se sentían diferentes de otras mujeres, aisladas. Eran asaltadas por imágenes similares a sentirse atrapadas, dominadas, agredidas físicamente, mutiladas. Tenían flashbacks, pesadillas, ataques de pánico.

«Me pusieron los estribos, yo seguía intentando cerrar mis piernas, mientras que ellos seguían intentando abrirlas, me tocaban y secaban. Podía sentirlos tirando, empujando, mientras continuaba intentando alejarlos».

Linda es maestra, cuenta que puede controlar una clase de ruidosos niños de 14 años de edad. Dice que normalmente es asertiva y segura de sí misma, que suele evaluar las opciones, los pros y contras antes de tomar una decisión. Ahora siente que su confianza propia fue destruida por completo y que se ha convertido en una persona diferente, a quien desprecia:

“El nacimiento de mi bebé fue horrible. Siento que fui violada. No puedo enfrentarme a ir de vuelta al hospital para hablar con alguien al respecto. No puedo ni siquiera pasar por allí sin transpirar de los nervios… tengo pesadillas recurrentes y flashbacks del parto, como si estuviera sucediendo todo otra vez. Siento que no tengo ningún control sobre nada.”

Las mujeres que sufren partos traumáticos a menudo utilizan el mismo lenguaje que las víctimas de violación. Sheila Kitzinger discute el trastorno de estrés postraumático resultante del parto y describe el efecto en estas mujeres.

Birth Crisis Network

Creé la Birth Crisis Network para proporcionar escucha efectiva a  las mujeres que habían llegado al punto – a veces meses o años después – en el que se sintieron capaces de hablar de la experiencia con alguien que las entendiera y validara, sin darles consejos, y que les permitiera descubrir dentro de sí mismas el poder de ‘manejar’ lo que estaban atravesando, de alguna manera llegar a algún lado con ello y poder avanzar.

Esto es muy diferente del ‘debriefing’ que me sugiere un trote a través de las anotaciones de algún caso, explicándole a la paciente el por qué de las intervenciones realizadas, su justificación, con la implicación de que ella debería estar agradecida porque se hicieron por el bien de su bebé. Sí, quizás. Pero ella también importa, y el efecto sobre ella pudo haber sido catastrófico.

También es bastante diferente de repartir consejos sobre cómo una mujer puede dejarlo atrás y seguir con su vida, una ‘sugerencia’ a menudo repetida por amigos y familiares, con la intención de que deje de hablar sobre su trauma, de que sea «más positiva» y se alegre de tener un bebé saludable.

El problema con el parto cuando se experimenta como una violación institucionalizada es que se supone que hay que estar agradecida con las mismas personas que te violaron. Mujeres que quedan de alguna manera atrapadas entre el horror y la ‘gratitud’.

Mosaic_OV_Noa-Snir_Hero_0© Noa Snir

Recuerdos y flashbacks

Una mujer que sufre trastorno de estrés postraumático (TEPT) después del parto no puede simplemente «apagarlo». Da vueltas y vueltas sin cesar en su mente como si fuera un video sin fin. Recuerdos agudos, escenas retrospectivas, experiencias sensoriales intensas, que involucran el contacto físico (por ejemplo, al haberse sentido atrapada en determinadas posiciones cuando era examinada), sonidos de voces de las personas que estaban presentes o los programas de radio que sonaban de fondo, olores (del desinfectante del hospital, de lo que estuvieran comiendo en los pasillos). Recuerdos que aparecen de forma intempestiva, a menudo abrumando a la mujer cuando menos lo espera – y por la noche. Incluso ver a una embarazada, encender el televisor y encontrar una escena de parto frente a ella, conducir frente al hospital, o encontrarse con alguna de las parteras en la fila del supermercado – todas estas situaciones pueden desencadenar flashbacks y ataques de pánico.

Porque, como un soldado que sirvió en Vietnam o en Irak, en ella se imprimieron, con gran detalle, eventos vívidos en los que se le quitaba todo tipo de control. Dar a luz fue para ella como hubiera sido atrapada por una máquina y escupida en el otro extremo de la misma con un bebe en sus brazos.

Las investigaciones psicológicas sugieren que 1 de cada 20 mujeres sufren trastorno de estrés postraumático postparto. Pero, como sucede con las violaciones, muchos casos están ocultos de la estadísticas, porque las mujeres no sienten que estén justificadas para ir al médico, o lo hacen y son diagnosticadas con depresión postparto y tratadas con antidepresivos. De hecho, están en un estado de aumento de la ansiedad y el pánico, que es diferente de la depresión. Aquellos que son diagnosticadas con depresión sin padecerla, pueden deprimirse realmente cuando más permanezcan en éste estado de alerta roja.

Percepciones alteradas

Cualquier cambio en la forma en que nos percibimos a nosotros mismos afecta también a nuestras relaciones. Un acompañante puede quedar traumatizado también. Puede sentir que coludió, que «fue cómplice» de alguna forma, en este acto de violencia. El acompañante muchas veces se culpa a sí mismo por no intervenir. Y puede que ella también lo culpe por las mismas razones. Él no puede soportar seguir escuchándola hablando de eso, así que prende la televisión, se aboca a su trabajo, se va a tomar algo con sus amigos, o ‘simplemente’ la ignora. Se alejan cada vez más. Una mujer que ha tenido una episiotomía que se extendió en una laceración (que es como se producen las lágrimas más severas), que pueden haber estado mal suturada para que durante semanas ella sienta que está sentada en fragmentos de vidrio dentados, o una mujer que sufre la incontinencia urinaria y vesical, es poco probable que disfrute del sexo por meses o años.

Melissa, la madre de un niño de 2 años, me dijo:

«Decidieron utilizar fórceps; yo les dije: «Por favor, traten de decirme qué está sucediendo «. El hombre que parecía estar a cargo dijo, ‘¿Eres doctor? ¡Ocúpate de tus propios asuntos!». Me sentí como si me estuvieran atacando. Fui a mi médico de cabecera después porque necesitaba hablar al respecto. Sentí que había sido asaltada. Y todavía estaba tan adolorida allí… hacer el amor estaba fuera de discusión. Él me dijo que tenía problemas psicosexuales y que estaba deprimida. Yo le respondí: «No estoy deprimida ¡Estoy volviéndome loca! Y no sé a dónde acudir en busca de ayuda».

Una mujer puede sentirse como si su bebé no le perteneciera a ella. Esto es más probable después de una cesárea de emergencia. Cuando su beba nació, Felicity tuvo un parto con fórceps y una gran episiotomía. Con la epidural, no sintió dolor. Ella dijo: “No sentí nada. Mi experiencia me dejó desconectada de ella. Durante el embarazo sentía como si conociera cada pulgada de ella… Cuando nació no pude reconocerla e identificarme con ella.» O una mujer puede sentir que no es «realmente» una madre, pero esforzarse por comportarse como tal. Ella puede incluso secretamente culpar al bebé por la forma en que el parto/nacimiento se desarrolló. O esperar que el vínculo madre-bebé de alguna manera compense su trauma.

Mosaic_OV_Noa-Snir_Hands_1© Noa Snir

El parto no tiene porqué ser así. Ninguna mujer debería sentirlo como una violación. Debemos respetar la evidencia empírica que revela que muchas de las intervenciones que suelen practicarse de forma rutinaria o no tienen beneficios o son realmente dañinas, incluyendo inducción del parto cuando pasa una semana después de su fecha probable de parto. Investigaciones canadienses demuestran que deben pasar aproximadamente 15 años antes de que la evidencia cambie las prácticas. La obstetricia del ‘por si acaso’ puede explicar por qué solo el 47 por ciento de los nacimientos en Inglaterra son ‘normales’ (partos vaginales). El cuidado uno a uno de la partera durante el embarazo, el parto/nacimiento y los días posteriores son un factor importante en la prevención de cesáreas innecesarias. Toda mujer debería tener la oportunidad de tomar decisiones informadas y crear su propio escenario para el nacimiento, ya sea en un hospital, en un centro de nacimiento o en su casa. De esta manera, podríamos humanizar nuestra cultura de parto. Podríamos transformar el nacimiento de un acto de violación a uno de satisfacción y alegría, tanto para madres como para profesionales.

Publicación en idioma original en British Journal of Midwifery, September 2006, Vol 14, N0 9, P 544 y 545
Traducción al español por Natalia Liguori
Ilustraciones de Noa Snir en https://mosaicscience.com/story/whos-control-when-youre-giving-birth/


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