Cuando un mal parto te persigue, por Sheila Kitzinger

 

Un artículo en Prima Baby, octubre/noviembre de 2000, titulado «Cuando un mal parto te persigue», describe el trastorno de estrés postraumático después del parto. Cita un artículo en el British Journal of Clinical Psychology escrito por la Dra. Pauline Slade que describe un importante estudio sobre el estrés postraumático relacionado con el nacimiento. En el artículo de Prima Baby, la Dra. Slade dice:

«Este problema es distinto de la depresión posnatal y mucho más perjudicial que los llamados» baby blues». Pero me preocupa menos el diagnóstico erróneo que el hecho de que pueda no ser detectado en absoluto. Muchas mujeres esconden sus dificultades».

El artículo incluye una entrevista con Sheila Kitzinger en la que dice que cree que una mujer que ha pasado por un momento difícil en el parto se encuentra inicialmente en un estado emocional adormecido, aliviada de que se acabó. Esto puede durar semanas, meses o incluso años.

«Entonces, de repente, se abren las compuertas. Pero estos sentimientos son complicados. La mujer se siente agradecida con los profesionales que la ayudaron a dar a luz a su bebé, especialmente si percibía que el bebé estaba en riesgo, y sin embargo esas son las personas que siente que la han violado. Una mujer que ha tenido una cesárea de emergencia puede ser muy vulnerable a esto».

Sheila quiere ver un estudio a gran escala que examine en detalle las intervenciones posteriores al parto:

«Esto no es depresión posparto. Estas mujeres tienen su experiencia de parto dando vueltas y vueltas en la cabeza como un video cíclico. No pueden apagarlo. Están reviviendo constantemente el trauma pero rara vez reciben apoyo continuo para lidiar con él. Necesitamos averiguar qué es más útil para las mujeres en esta situación y qué las hace sentir peor. Entonces podemos proporcionar un soporte efectivo, hecho a la medida individualmente». 

Trastorno de estrés postraumático

Después de la Guerra de Vietnam, se empezó a observar que incluso soldados que no habían sufrido ninguna lesión física a menudo se angustiaban profundamente. Tenían ataques de pánico y flashbacks de terribles eventos que habían presenciado, en los que no pudieron hacer nada al respecto. Fue cuando se creó el diagnóstico «trastorno de estrés postraumático».

Lo mismo puede suceder después de un parto en el que la mujer siente que no tiene control sobre lo que se le hace, donde siente que sólo es un «cuerpo sobre la mesa». Ella permanece en estado de alerta, irritable y angustiada. Ella puede sentir como si hubiera sido violada. Y, como sucede con frecuencia con la violación, ella cree que de alguna manera debe tener la culpa. La experiencia del parto da vueltas y vueltas en su cabeza como un video que no cesa de repetirse. No lo puede apagar.

Para estas mujeres, el parto es vivido como una especie de tortura. No les dan la información que necesitan para elegir entre alternativas, y sienten que no tienen ningún control sobre lo que se les hace. Se las desempodera en uno de los eventos más importantes en sus vidas. Se sienten terriblemente solas. Pueden temer que se estén volviendo locas.

Esto puede suceder incluso en los llamados partos «normales». Pero ocurre con mayor frecuencia en los partos «de alta tecnología»: cuando hay intervenciones obstétricas como inducciones y aceleración del trabajo de parto. El monitoreo fetal electrónico a menudo significa que la mujer debe acostarse y permanecer quieta en lugar de desplazarse y mecer sus caderas. Seguramente habrá más dolor al no poder moverse libremente. Una episiotomía (un corte), un parto con fórceps o ventosa, o una cesárea no planificada pueden hacer que una mujer sienta que está siendo tratada como un objeto sobre una cinta transportadora.

El trastorno de estrés postraumático (abreviado como TEPT) es diferente de la depresión. Los antidepresivos no sólo no ayudan, sino que incluso pueden empeorarlo. Muchas mujeres que no pueden dejar de pensar en lo que se les hizo durante el parto son tratadas por médicos de cabecera con antidepresivos. Lo que realmente necesitan es poder hablar con alguien que las entienda, una persona que no trate de explicar o justificar el tratamiento que recibieron, que no las critique ni critique la forma en la que sienten sobre lo que les sucedió, alguien que las escuche reflexivamente.

Convertirse en madre

La imagen romántica de una madre radiante, con un bebé hermoso en sus brazos, con su cabello dorado iluminado por los rayos del sol, que se muestra en muchas revistas y libros de maternidad, está muy lejos de la realidad. Las nuevas madres a menudo son infelices. Esta gran transición de la vida se hace increíblemente difícil debido a la pobreza, a las viviendas precarias, a la sobrepoblación y al aislamiento social. Pero una razón por la cual muchas mujeres tienen baja autoestima y no pueden disfrutar de sus bebés es que a menudo en la atención de sus partos se les niega información honesta, la posibilidad de elección y el simple respeto humano.

Como lo descubrieron Green, Coupland y mi hija, Jenny Kitzinger [i] (Inglaterra) y la investigación de Penny Simkin [ii] (Seattle), las mujeres recuerdan con gran claridad, a menudo muchos años después, lo que las parteras y los obstetras hacían y decían. Cuando los vieron como autoritarios o punitivos, cuando no ofrecieron información ni posibilidad de elección, sienten que fueron degradadas y abusadas.

Mosaic_OV_Noa_Snir_Talking2© Noa Snir

Crisis de nacimiento

Comencé la Birth Crisis Network [iii] para ofrecerles a las mujeres que habían experimentado un parto traumático, la oportunidad de hablar por teléfono con alguien que validara lo que tenían para decir, que les ayudara a encontrar dentro de sí mismas el poder de afrontarlo. Mientras hablaban, a menudo describían cómo habían sido sometidas a lo que algunos llaman «chantaje emocional». Muchas veces esto comienza durante el embarazo. Una mujer me contó que cuando preguntó en las consultas prenatales si sería posible tener un PVDC (parto vaginal después de cesárea), la partera a cargo le respondió: «Si querés dejar a tus hijos sin madre». Llegó a casa llorando porque pensó que no tenía otra opción, que tenía que tener una cesárea ya que de lo contrario, podría morir».

Sienten que fueron intervenidas durante el trabajo de parto y el parto como si hubieran sido productos de fábrica en una cinta transportadora. Lo que cuenta Debbie es típico. Cuando me llamó, le costaba muchísimo hablar, hubieron largos silencios. Su bebé había nacido hacía 15 meses. Fue al hospital inmediatamente cuando se rompieron sus membranas y le dijeron que tenía 2 cm de dilatación.

«Después de un par de horas las cosas apenas habían cambiado. Me dijeron que debían ponerme goteo (con oxitocina sintética) para acelerar las cosas y me recomendaron la epidural. Le pregunté a la partera: ‘¿Cuál es su opinión acerca de la epidural?’ Dijo que probablemente ella también la pediría si estuviera de parto. Le dijeron ‘Te quitará todo tu dolor’. No mencionaron ningún riesgo. Dijeron que estaba bien, que no sentiría nada.»……» Después de eso, estaba mucho más interesada en los monitoreos, porque esa era la única forma de saber qué era lo que estaba pasando. Los latidos de mi bebé estaban bajando durante las contracciones. Les pregunté para qué servían los números. Me dijeron que el corazón debía mantenerse entre 140 y 120″. Se redujo a 70 durante las contracciones, se elevó al final de una contracción, pero gradualmente se hizo más bajo, hasta 50 durante las contracciones. Llamaron al médico, él llegó y dijo ‘No te preocupes’. Llamó a otro médico. Los latidos de mi bebé seguían bajando. Me estaba asustando. Me estaban revolviendo. Mis piernas estaban sostenidas por una enfermera y mi esposo. Me sentía avergonzada, humillada e inútil ya que ni siquiera podía hacer esto por mi cuenta, con la cara del médico casi en mi interior. Me dijeron que el bebé tenía la cabeza alta. Todos corrieron a la acción. La gente corría por todas partes. Pensé: ‘Dios mío, ¿qué está pasando?’ «. Terminaron practicándole una cesárea. «Tuvieron que noquearme. Se llevaron a mi marido. Y allí estaba yo. Tuve un bebé».

Estrés post traumático

Generalmente, al principio las mujeres se sienten entumecidas, simplemente aliviadas de que todo haya terminado. Más tarde se abren las compuertas, y la gratitud por que ellas y sus bebés están vivos se mezcla con la sensación de que han sido violadas: «Me sentí masacrada, agredida, violada». «Me sentí como un animal siendo asesinado». Las escenas del trabajo de parto y el parto se reproducen una y otra vez en sus mentes como un video en un loop que no se puede apagar. Sufren pesadillas y flashbacks del trauma. Quienes intentan ayudar a menudo les dicen: «Tenías expectativas muy altas». Tienen poca confianza en sus cuerpos y la lactancia se convierte en una lucha. Estas mujeres sufren estrés postraumático que puede durar meses o incluso años, y puede afectar negativamente su relación con el niño y con su pareja.

El bebé

Algunas mujeres no mencionan al bebé, o lo hacen solo de pasada. Otras se refieren al bebé como «eso». A menudo sienten que el bebé no puede ser realmente hijo suyo. Dicen que «siguen los pasos que hay que seguir en la maternidad», que es como si estuvieran en «piloto automático».

Una mujer me dijo: «Cuando la vi, estaba toda limpia y muy bien. Pensé, ‘¿He tenido el bebé correcto?’ Después de un parto normal, sé que están todos pegajosos, y así era como la quería. Cuando llegué a casa me puse a pensar, ‘Dios! Estaba culpando al bebé. Todo era su culpa… mis puntos de sutura, mis pezones doloridos. Fui a mi médico de cabecera y lloré y lloré. Él prescribió medicación. Fui ‘neutral’ con ella, no le daba abrazos ni la acariciaba. Me la pasaba todo el tiempo llorando. Sentía que estaba semi-dormida. Traté de averiguar qué fuentes de apoyo emocional tenía. Vivía en una base del ejército y no conocía a casi nadie. Mi esposo se iba a las 6.30 y llegaba a casa 10 a 12 horas después».

Estas mujeres a menudo se sienten completamente impotentes y confundidas: «No sabía qué hacer con el bebé sola. Mi madre se la llevó a su casa durante el fin de semana. No puedo visitar a nadie. No puedo salir a comer. Mi madre y mis hermanas saben instintivamente qué hacer. Yo soy insuficiente. Cada vez que trataba de decir lo que sentía, los profesionales me respondían «¿Cuál es el problema? Tienes un bebé sano».

De las 150 llamadas consecutivas que recibí por parte de mujeres traumatizadas por sus experiencias de parto, el 16% hizo comentarios negativos sobre sus bebés. Como dijo una de ellas: «Todo el mundo dice: ‘Tienes un bebé adorable y sano’. Pero me siento estafada». Otras dicen: «Durante seis meses odié a mi bebé. Quería tirarlo por las escaleras. No valía la pena»; «Simplemente lloraba y lloraba por horas, sin consuelo y yo lo cargaba día y noche. Todo esto me dejaba exhausta y aún más deprimida por mi incapacidad para hacer frente a toda la experiencia del parto y el cuidado de los niños»; «La odié después. La miré y deseé que estuviera muerta. Me siento muy culpable por haberlo pensado». Una mujer me dijo sobre su trabajo de parto, que había sido hacía siete años, «me sentía totalmente impotente. Terminé con una manta sobre la cara. No quería saber nada sobre eso. Tuve terribles problemas para vincularme con mi bebé. Todavía no creo que ella sea mía».

Una mujer que escribió un relato muy detallado me dijo: «Mi bebé estaba junto a mí, pero no quería tocarlo ni mirarlo. Estaba de luto por la pérdida de un niño que nunca me atravesó, al que no pude parir. El niño fue despojado de mí. Ocho horas después de la operación, la enfermera vino y me preguntó si había tocado a mi hijo y le dije que no. Le preocupaba que no hubiera tomado leche y lo puso de inmediato sobre mi pecho, lo que me sorprendió un poco. Fue como conocer a un hombre por primera vez e incluso cuando no te gusta, la gente te hace besarlo en los labios. Fue una verdadera batalla para amamantarlo. Experimenté tanta frustración y dolor al mismo tiempo. Era un bebé hambriento y no estaba satisfecho con mis primeras gotas de leche. Yo no quería rendirme porque era lo único que sentía que podía hacer correctamente. Pero fallé nuevamente». La palabra «fracaso» se repite en los relatos de muchas mujeres. «La sensación de fracaso fue casi abrumadora. No podía darle a luz adecuadamente y ni siquiera podía alimentarlo. Era totalmente inútil».

El compañero

Las mujeres a menudo son conscientes de que sus parejas también fueron traumatizadas durante el proceso de parto. Una posible respuesta es que un hombre se aboque por completo a su trabajo. Una mujer describió cómo su esposo se mantuvo al margen durante un violento parto en el que se sintió abusada física y emocionalmente: «Siento que él engañó a mi hijo». Ella agregó: No hemos hecho el amor después de siete meses».

Los hombres a menudo se sienten frustrados e irritados cuando sus parejas sienten la necesidad de hablar sobre el parto una y otra vez. Una mujer que hablaba compulsivamente sobre su angustiante experiencia en el parto me dijo: «Mi esposo dice:» ¡No vuelvas a hablar de eso otra vez!» Esta pareja estaba a punto de separarse. A menudo hay problemas sexuales. La episiotomía y la sutura que dañaron el perineo pueden significar que el sexo es doloroso o imposible. «Él ha sido muy comprensivo», dicen. Me he dado cuenta de que esto significa: «Él no me obliga a tener relaciones sexuales». A menudo, la mujer tiene miedo de otro embarazo. También se siente alejada y odia su cuerpo, el cuerpo que la engañó: «Sentí que David fue extirpado quirúrgicamente de mi cuerpo y que no pude darle a luz. Sentí que había fallado como mujer, como esposa, como madre. Mi cicatriz era muy deprimente para ver. Odiaba mi cuerpo y sentía una intensa aversión cuando me iba a bañar. Mi cicatriz parecía un monstruo sonriente riéndose de mi, todo morado, dolorido e hinchado».

Una experiencia de parto en la que la mujer siente que «no dio a luz», que «tuvo una operación», que ella era «como carne sobre una mesa» o que «era como una violación», se entromete de una manera destructiva en la relación de pareja, y para algunas mujeres la relación termina en ruptura.

Esta infelicidad después del nacimiento no es un miasma emocional que envuelve a la reciente madre debido a sus hormonas o experiencias durante su primera infancia. Es el resultado directo de un manejo agresivo del parto, típico de los hospitales contemporáneos, con un enfoque predominantemente mecánico del cuerpo humano y gobernado por el reloj.

Nuestra cultura de parto medicalizado es una de las razones por las cuales es importante que existan otras alternativas de parto.

Nacimiento en casa

El estado emocional de una mujer después de un parto planificado en domicilio tiende a ser muy diferente. Se la ve más positiva, segura de sí misma y, a menudo, exultante. El parto es algo que ella ha logrado, en lugar de algo que le han hecho a ella. Comienza a trabajar en su propio tiempo, come y bebe cuando lo desea, continúa con actividades en la casa y tal vez en el jardín, aprende a adaptarse a la fuerza y a la longitud de las contracciones gradualmente, se mueve libremente usando muebles familiares para brindar apoyo, se puede arrodillar o poner en cuclillas, y decide lo que quiere hacer y cuándo quiere hacerlo. Ella puja cuando quiere, no se siente presionada para vencer al reloj y es poco probable que se le realice una episiotomía. Luego puede abrazar al bebé en su propia cama. Una mujer que controla el espacio en el que da a luz y que, por lo tanto, puede permitirse perder el control de sí misma y rendirse ante los sentimientos abrumadores que se acumulan en su interior, es mucho más probable que recuerde el nacimiento como una experiencia positiva. El parto es una aventura en la que ha descubierto su fuerza interior, alegría en su cuerpo, autoconciencia y confianza en sí misma. El parto es empoderador.

El parto planificado en domicilio ofrece un modelo de cómo debería ser todo parto, un modelo sobre el cual los hospitales deberían basar su práctica, y que permite a las parteras aprender a mantener un parto normal. Sin embargo, para muchas mujeres tener un parto en casa es una carrera de obstáculos. Los obstetras son los guardianes, y en general desconfían de los partos en el hogar y no quieren involucrarse en ellos, pero no están preparados para referir a sus pacientes a parteras, o derivarlos a otros obstetras que apoyan este modelo.

Necesitamos cambiar el sistema para que las mujeres puedan contactar directamente con parteras y crear las condiciones en las cuales es sencillo para las mujeres tener partos en casa. Propongo una campaña para promover el parto planificado en domicilio como una opción razonable e irreprochable.

Para que esto suceda, al darse cuenta de que está embarazada, una mujer debería poder ir directamente a ver a una partera. Una mujer sana que haya iniciado sus trámites para ir a un hospital debe ser capaz de cambiar al parto en el hogar, sin problemas, en cualquier etapa del embarazo, incluso en el parto, y recibir apoyo para hacerlo.

El acceso a la información sobre el parto planificado en domicilio debería ser más fácil. Una forma de hacerlo sería establecer en el sitio web del NHS una sección especial sobre el nacimiento en el hogar. Diseñado junto con las principales organizaciones de nacimiento, debe decirle a las mujeres exactamente cómo obtener un parto en el hogar y brindarles la información que necesitan para un camino sin problemas.

Se necesita urgentemente un nuevo tipo de educación en partería. El UKKC y RCM deberían trabajar juntos para introducir la capacitación de parteras para que sepan cómo crear las condiciones para un parto fisiológico, en lugar de medicalizado. Cada partera debería ser capaz de ayudar en el parto planificado en domicilio, y todos los estudiantes de partería deben tener experiencia en partos en el hogar. Debería ser un elemento obligatorio en el entrenamiento de partería. Sin embargo, si esto va a suceder, debe haber más partos en el hogar.

Debemos reconocer las habilidades de las parteras que entienden el cuerpo de las mujeres y facilitan que las mujeres bajo su cuidado experimenten el parto sin ninguna intervención. En la actualidad, las parteras que acompañan partos en domicilio son infravaloradas y marginadas.

Traducción al español por Natalia Liguori
Ilustraciones de Noa Snir en https://mosaicscience.com/story/whos-control-when-youre-giving-birth/
Referencias:

[i] Green JM, Coupland VA, Kitzinger, JV. Expectations, experiences and psychological outcomes of childbirth: A prospective study of 825 women. Birth 1990;17(1):15-24.

[ii] Simkin P. Just another day in a woman’s life? Women’s long-term perceptions of their first birth experience. Part 1. Birth 1991;18(4):203-10.

[iii] The Birth Crisis Network


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