El amor después del amor

Ilustración Mamicha Maternidad

Descubrí los posts de Flor Sichel en Instagram y me suscribí a su newletter, HARTA(S). Todos los martes una entrega gratuita que invita a (re)pensar distintas aristas de las maternidades, con inevitable resonancia.

Con su autorización, comparto fragmentos de uno de sus envíos: EL AMOR ¿DESPUÉS DEL AMOR?

“No podemos ser sólo padres”, le digo y son las 23 hs de un viernes. Está lavando los platos y yo me arrastro en pijama al sillón para terminar de mandar un mail, sin siquiera mirarlo a él. Creo que como padres lo estamos haciendo bien, pienso. O lo estamos haciendo. Pero no sé qué nos pasó como pareja.

¿Qué nos une además de Sofía? Él tiene sueño y yo también. A veces nos da fiaca abrazarnos, pero lo hacemos igual porque sabemos qué necesario es no olvidarnos del otrx. Lo sabemos e igual nos cuesta. No nos sale natural. Nos pesa. ¿Por qué Sofía canalizó tanto amor que sentimos que a veces ya no nos queda nada para los dos? ¿Qué pasó con nuestro amor? ¿Qué pasó con nuestros momentos? ¿Dónde quedamos nosotrxs sintiéndonos jóvenes y enamorados? ¿Por qué cuesta tanto trabajo volver a sentirse pareja?

Sigo intentando descifrar cuál es el interrogante porque me abruma la sensación de no saber siquiera identificarlo. Me interesa pensar cómo volver a encontrarnos. Si es posible seguir siendo dos -por momentos- ahora que somos tres -para siempre-. Cómo hacer para seguir sintiendo amor por el otrx cuando la llegada de un hijx pareciera absorberlo todo.

No quiero resignarme al cansancio de la mapaternidad y llevarme puesta a la pareja. No quiero dejar de tener nuestros momentos, aunque tengamos sueño y nos cueste. No quiero dejar de abrazarnos, aunque por momentos parezca forzado.

Con la llegada de un hijx se vuelven a barajar las cartas y es necesario volver a re-pactar. Un hijx te obliga de nuevo a hacer una elección radical. Te obliga, como al principio del amor, a volver a conectarte; conocerte; acompañarte. Quizás salir-nos de la trampa del amor romántico implica entender que el amor en la pareja muta, que tiene altibajos, momentos de conflicto y también crecimiento con los que hay que aprender a convivir; siempre que queramos hacerlo.


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