No quiero olvidar

Ilustración Laora Laora

Por alguna razón, nuestra hija no nos hace preguntas. Ninguna. Como si no hubiera pasado nada. Espero un tiempo y pregunto:

– Quizás quieras hablar de lo que ha pasado…
– ¿Por qué? ¿Le ha ocurrido algo a alguien?
– Bueno, sí. Ha ocurrido. A nosotros. Con nuestro niño.

Juguetea con el rotulador. Lo intento de nuevo:

– ¿No quieres preguntarme nada?
– No, no quiero. O más bien, sí que quiero. Pero no puedo.
– ¿Por qué?
– Los abuelos me advirtieron muy serios de que no hablara contigo de… que no hablara de… del niño. Y que en ningún caso te preguntara nada.
– ¡¿Por qué?!
– Me dijeron que no debía recordártelo. Para que puedas olvidarte lo antes posible.

Sonrío. Es tan bárbaro que resulta casi ridículo. No recordármelo. ¿En serio? ¿Acaso estoy loca? ¿Qué significa “no recordármelo” cuando no puedo pensar en otra cosa? Prácticamente todas las personas con las que hablo aplican este asombroso principio. La gente que me buscaba médicos, me preguntaba cómo me sentía y qué se veía en la ecografía, esa misma gente, me parapeta dentro de un angosto círculo de silencio.

En realidad, no. Formalmente esta gente no se queda callada. Me hablan del tiempo, del cine, de cómo le va a Sasha en el cole. Todos fingen que no ha pasado nada. Y claramente quieren que yo también finja. Se esfuerzan en evitar el tema del parto y, más aún, el de dar a luz a niños muertos. Y si soy yo la que intenta decir algo, se asustan, se alborotan, miran para otro lado, necesitan hacer una llamada urgente. Consideran que es su deber distraerme.

No quiero distraerme. No quiero “olvidarme de eso cuanto antes”. Quiero recordar. Quiero hablar de mi hijo muerto. Todas las conversaciones sobre temas circunstanciales me parecen insignificantes. Cuando me distraen, las cosas no me resultan más fáciles. Al contrario, se vuelven más difíciles.

Saqué a mi hija de aquel círculo de silencio. Le dije que estaba preparada para cualquier pregunta. Que incluso me gustaría hablar con ella sobre este tema, si ella quería. Que esto se me puede y se me debe recordar, porque nuestro Minitejón merece ser recordado.

Fragmento del libro “Tienes que mirar” de Anna Starobinets


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