a(Fortunata)

Puede ser una imagen de libro

Me saco la camisa delante de todo el mundo, también el corpiño y me pongo el top rojo que me estuvieron guardando con tanta ansiedad. Ya me lavé las manos y me puse un barbijo. Una enfermera saca la tapa superior de la incubadora, levanta a Fortunata con una mano y me la mete en esta especie de bolsillo. Su pecho está contra el mío y la cabeza mira hacia la ventana. Sigue con su máscara para respirar y en el pie tiene atado un sensor que le mide la saturación del oxígeno en la sangre. Le acaricio la espalda velluda y descubro sus pestañas de camello. Por primera vez veo sus orejas, enrolladas como si fueran de papel manteca. Los ojos siguen cerrados, creo que no los abrió desde que nació. Le tengo que hablar porque así me lo indica Luc, que está filmando todo desde un rincón. Me limito a repetir su nombre en diferentes tonos, lo separo en sílabas, lo tarareo. Tengo ganas de quedarme así para siempre. Por una milésima de segundo siento que la estoy ahijando. Mi respiración guía la suya. Estamos piel con piel. Tengo miedo de moverme y romperla.

Me puse a rezar por primera vez en mi vida. Le hablo a mi ángel de la guarda inventado hace dos minutos y le ruego a Jesús. A Dios le prometí dejar la Coca Cola, ir caminando a Luján, peregrinar a Lourdes y hacer el Camino de Santiago si nos saca de ésta.

Fragmentos de a(Fortunata) de Agustina Adamoli


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