Finitas y humanas

Ilustración Madeline Kate

Manejar me ayuda a pensar, es una costumbre que adquirí en la ruta, atropellando insectos. Por el espejo retrovisor veo cómo mamá mira por la ventana, con la cabeza perdida en los márgenes, lejana, y de golpe veo a una señora vieja y común. Ni su inteligencia ni su belleza alcanzan para ocultar las señales que muestran que es tan corriente como cualquier otra madre. ¿Qué pensaría de ella si en lugar de que fuese mi mamá hubiese tenido la posibilidad de conocerla como a una extraña? Entiendo, finalmente, que no es especial, sino finita y terriblemente humana.

Fragmento del libro “La sal” de Adriana Riva


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