Crianza revolucionaria

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Aunque las primeras feministas exigían respeto y reconocimiento para el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos, no atribuían una importancia y un valor suficiente a la crianza femenina, a la maternidad. Esto se tenía que haber hecho de forma explícita al inicio del movimiento feminista. Los ataques a la maternidad de las primeras feministas alienaron del movimiento a muchas mujeres, espacialmente a las mujeres pobres y/o no blancas, para quienes la crianza era una de las pocas relaciones interpersonales en las que se sentían apreciadas y validadas. Desgraciadamente, el positivo énfasis que se ha puesto recientemente sobre la maternidad se basa en buena medida en estereotipos sexistas. Se romantiza la maternidad como se hacía en el siglo XIX cuando ensalzaban las virtudes del «culto a la domesticidad». A pesar de las dificultades de la crianza en solitario, se pone el acento en las «alegrías de la maternidad», en la intimidad, cercanía y vínculo especial que supuestamente caracterizan la relación madre/hijo.

Mientras las mujeres o la sociedad en su conjunto consideren que la relación madre/hijo es única y especial porque la hembra lleva al bebé en su cuerpo y da a luz, o conviertan esa experiencia biológica en un sinónimo de que las mujeres tienen un vínculo más estrecho, más importante con los niños que el progenitor masculino, la responsabilidad por el cuidado y la crianza de los niños seguirá siendo principalmente un trabajo de mujeres. La experiencia biológica del embarazo y el parto no debe equipararse con la idea de que la crianza de las mujeres es necesariamente superior a la de los hombres.

Antes de que pueda haber una responsabilidad compartida en la crianza que alivie a las mujeres de la responsabilidad exclusiva del cuidado principal de los niños, las mujeres y los hombres deben revolucionar sus conciencias; deben estar dispuestos a aceptar que la crianza en aislamiento (independientemente del sexo del progenitor) no es la manera más eficaz de educar niños o de ser felices como padres y madres. Puesto que las mujeres llevan la mayoría de la crianza en esta sociedad, y puesto que no parece que esta situación vaya a cambiar en los próximos años, tiene que haber una organización feminista en torno al cuidado infantil, subrayando la necesidad del cuidado colectivo para garantizar que todos los niños se críen en el mejor marco social posible y que las mujeres no sean las únicas, o las principales, responsables de la crianza.

Fragmentos del capítulo “Crianza revolucionaria” en “Teoría feminista: de los márgenes al centro” de bell hooks.


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